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..Animo Dani !

1976, EL TERCER MUNDIAL PARA EL LANCIA STRATOS (I)

Con el segundo título en sus manos y conocedora de su superioridad, Lancia anunció su intención de hacer todo el calendario del año 1976. Tan solo Opel elaboró un plan de competición para ese año y quizás sin demasiada convicción. A pesar de que Munari era el piloto estrella, Waldegaard le había arrebatado el protagonismo el año anterior. Esta temporada Munari se mostraba dispuesto a hacer valer su habilidad al volante. Ya en sus años con el Fulvia el piloto italiano sorprendía por su maestría con los pedales del coche. Su técnica de frenado y la increíble velocidad que imprimía al movimiento de sus pies maravillaba incluso a sus propios copilotos. Con un fuerte carácter se le consideró como el primer piloto estrella del mundial de rallies y su popularidad hizo crecer la afición por la especialidad. Sabedor del voluble carácter del italiano, Cesare Fiorio le cuido con un excesivo mimo que terminó por sacar a Waldegaard del equipo.

Por otro lado Fiat centró la temporada en el desarrollo del que sería su próxima arma en el campeonato: el Fiat 131 Abarth. Los pilotos que corrían con Fiat en 1975 pasaron a Lancia excepto Alen que se dedicó a la puesta a punto del vehículo de la marca de Turín. Alpine puso en marcha el proyecto del A310, que mantenía los principios del victorioso A110. La carrocería de fibra de forma mucho más angulosa le confería un aspecto impresionante. Pero la motorización de cuatro cilindros nunca le permitió presentar batalla al Stratos. Avanzada la temporada, montó un V6 con el que ganó en prestaciones, pero no destacó más que en algún rally del campeonato de Francia.

El Montecarlo fue dominado por Lancia, Munari, Waldegaard y Darniche dominaron con el Stratos los 530 kilómetros de los que constaba el rally esta edición. Rohrl con el Opel Kadett GT/E terminó en cuarto puesto. En esta carrera se produjo el debut de SEAT, con dos 1430 oficiales. Zanini acabó en una honrosa doceava posición. El británico Roger Clark llevó su Ford Escort a la quinta plaza.


Walter Rohrl finalizó cuarto con el Opel Kadett GT/E

La victoria de Munari no fue sencilla y una avería estuvo a punto de dar al traste con la victoria del italiano. A continuación se reproduce la traducción de una narración del propio piloto.

Aquel Montecarlo de 1976” por Sergio Munari

Faltaban sólo cinco o seis minutos para el comienzo de la próxima etapa cronometrada, situada en mitad de los Alpes franceses. Desde lo alto de la montaña teníamos que ascender y descender nos informaron por radio que sólo llovía. Por lo tanto todo conforme para usar neumáticos de agua. Pero justo un minuto antes de la salida la radio comenzó a radiar:
“Atención, atención: esta nevando fuertemente”

Era demasiado tarde para montar neumáticos de clavos, me hubiera retrasado en la salida y hubiera sido penalizado. Tan sólo podía salir arriesgándome y esperanzado. La especial era de 38 kilómetros y la nieve aparecía desde el kilómetro ocho en adelante. Era la primera vez que corría con Silvio Maiga como copiloto y teníamos una ventaja de 4’ 30” respecto de Frequelin con su Porsche. Ascendí llevando las ruedas por los márgenes de la carretera para tener cierta adherencia gracias a la hierba. En ese momento me sentí atenazado por el miedo de no conseguir alcanzar la cumbre. Después de conseguirlo se vería con más claridad conseguir finalizar la etapa. Trabajamos duro para avanzar pero no podía haber sido de otro modo desde el momento que las ruedas montadas no eran de clavos (295 atrás y 205 delante). Los otros corredores habían partido algunos minutos después y por esta razón habían tenido tiempo de cambiar sus ruedas de lluvia por las de nieve. Así que muy pronto otros coches comenzaron a adelantarnos. Sin ruedas de clavos marchábamos como un borracho. Al final aquellos cuatro minutos y medio habían desaparecido y fuimos relegados a la segunda posición por detrás de Frenquelin, Waldegaard se situaba ya cerca. No estaba todo perdido, pero pasar de una ventaja de cuatro minutos y medio a una desventaja, incluso si fuera mínima, tras acumular riesgo curva tras curva era duro de tolerar. La carretera de “St Jean en Royans”, así se llamaba la montaña, había estado a punto de dar un golpe mortal a mis esperanzas de ganar por tercera vez el mundialmente famoso rally de Montecarlo. Pero naturalmente no me rendí y la última noche volvía a encontrarme líder de nuevo con una ventaja de dos minutos. Esta sensación de victorias y derrotas es parte del juego y crea un suspense que no dura solamente dos o tres horas, sino dos o tres días.

Y más, todo parecía ir bien. Pero en la tercera pasada por el Col de Turini (excitante y temido como era el Futa en la Mile Miglia) mi caja de cambios se bloqueó en cuarta velocidad: un problema que no era extraño en los Stratos. Por delante de mi tenía doce kilómetros de subidas y bajadas. El problema era intentar pasar las curvas de herradura y alcanzar la cima. En unas pocas palabras me encontraba de nuevo encarando el problema que había trabajado duro por sobrepasar poco antes. Las causas eran distintas pero la situación era la misma. Las curvas de herradura eran muy estrechas y yo solo tenía cuarta velocidad. Pero antes de perder una carrera como el “Montecarlo” solo por que una caja de cambios se ha bloqueado has de intentarlo todo, incluso las cosas más alocadas. La primera curva se acercaba.


Munari se hizo mítico junto al Lancia Stratos

“Debemos tomarla – le dije a Silvio – de otro modo esto es el fin.”

Tomé la curva despacio, para intentar realizar la mejor trayectoria posible; cada centímetro tenía su importancia. Nunca había prestado tanta atención a una curva en mi vida. Di un ligero toque de gas, el motor de 6 cilindros respondió sin dudas (la importancia de tener par en bajas) y un par de ligeros toques de embrague para incrementar el régimen de vueltas sin correr el riesgo de quemar el motor. Ya habíamos dado una curva, pero aún faltaban once. En este punto la esperanza de conseguirlo había incrementado notablemente. Despacio, despacio, una tras otra las pasamos todas. Mi Stratos estaba demostrando ser realmente increíble. Finalicé la etapa aproximadamente a un minuto de Waldegaard pero conservaba aun un minuto de ventaja. Sin embargo la angustia de conocer si la avería era reparable en los pocos minutos que quedaban antes del comienzo de la última especial permanecía. Llegué a la asistencia pero como era sólo un servicio de emergencia decidí continuar has alcanzar el comienzo de la siguiente especial donde sabía que había mecánicos en disposición de obrar el milagro. Nuestro problema no era simple: dos piezas del selector se había solapado. Era necesario desmontar la tapa del colector de aceite, desatornilla los pernos del colector de aceite, extraer el aceite caliente y recogerlo en un recipiente ya que no teníamos aceite de recambios, desbloquear los dos elemento, volver a ensamblar el colector de aceite y llenarlo. Una operación que, en las condiciones en las que nos encontrábamos demandaba un talento fuera de lo común: todo bajo el coche estaba ardiendo, había pocos minutos disponibles, era de noche y llovía.

Llegué un cuarto de hora antes de la salida de la última etapa cronometrada tras la cual se encontraba la meta en Montecarlo y la victoria. Los mecánicos habían sido avisados por radio para prepararse. No llegué a salir del coche. Ferdinand Casarsa y Piero Spriano se arrojaron bajo del coche y escuché que alguien decía:
“Seguro que podemos hacerlo.”

Yo estaba en silencio, intocable. Ellos querían que comiera algo pero tan solo probé un poco de agua. Ellos me veían apretar los labios en una actitud bastante común en mí en momentos de tensión. Para ganar tiempo ellos no montaron la protección del colector de aceite. Exactamente catorce minutos después de mí llegada mi caja de cambios estaba desbloqueada. Salí rápidamente, tratando de cambiar con la máxima delicadeza por miedo a que esas piezas volvieran a jugarme otra broma. Había una tormenta, pero ese Montecarlo no se me escaparía. He revivido decenas y decenas de veces los momentos de las llegadas victoriosas con su exaltación y sus vértigos, pero nunca he olvidado el triunfo de enero de 1976. Quizás porque me sentí particularmente en deuda con Casarsa y Spriano: habían estado excepcionales.

Este seguramente fue el “Monte” que más sufrí, a pesar de nuestra evidente superioridad. No fue fácil desde el punto de vista menta de vencer una alta dosis de estrés. Mirando hacia atrás estoy seguro que si no hubiese ganado, mi historia hubiese cambiado y no habría sido el primer piloto en ganar cuatro veces seguidas en el más difícil y prestigioso evento del campeonato del mundo.

Sandro Munari


Roger Clark finalizó quinto en Montecarlo al volante de un Ford Escort

El rally de Suecia se hizo más favorable a los pilotos suecos que nunca. Estrenó una especie de tramos secretos que no podían entrenarse. Además la cantidad de hielo que presentaban los tramos hacía pensar que los Stratos de Waldegaard y Walfridson no podrían con los ligeros Saab que estaban dispuestos a que no se repitiera la derrota del año anterior. Y esas previsiones se cumplieron ofreciendo el rally un apretado duelo entre Per Eklund y Stig Blomqvist que cayó del lado del primero, en lo que sería la única victoria del piloto sueco en una dilatada trayectoria en la competición. El Opel de Kullang termino en tercera posición, mientras que el primer Stratos, cuarto, era conducido por el finlandés Lampinen al que Fiorio le había cedido un coche reserva de los desplazados a Suecia. La quinta plaza fue para el Saab 99 de Sundberg.


Blomqvist llevó su Saab al segundo lugar tras su compañero Eklund

La nieve era excesiva para el Stratos y Waldegaard abandonó por accidente

En Portugal los Lancia volvieron a la senda del triunfo y de nuevo Munari venció en un rally que lideró desde el primer tramo. Los cinco primeros tramos fueron para el italiano, hasta que su compañero Raffaele Pinto lograba la victoria en el sexto y séptimo tramo. Ove Andersson apareció pronto ganando algunos tramos con el nuevo Toyota Celica 2000 GT. Se hizo con la segunda plaza superando al portugués Pinto. El sueco aguantó la presión del piloto del Stratos cuyo coche finalmente cedió ante en empuje del piloto. Una avería en la transmisión provocó el abandono de Pinto, dejando al local Mequepé en tercera posición. El piloto portugués conducía un Opel Kadett prácticamente de serie (grupo 1) y realizó el rally de su vida. Este resultado salvó el honor del equipo Opel. Los dos coches del equipo oficial abandonaban por avería. Walter Rohrl por ejemplo vio como su coche se rompía a los 500 metros de carrera. Mikkola y Ragnotti abandonaron por sendos accidentes.


Munari se impuso en Portugal sin oposición prácticamente

El Toyota Celica debutaba en el mundial con un segundo puesto pilotado por Andersson

Mikkola no pudo finalizar en Portugal al sufrir un accidente con su Toyota

 

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